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jueves, agosto 16, 2007

Reforma constitucional en referendo consultivo... Vayamos más allá del SÍ/NO

Una de las cosas por las que no creo en las democracias representativas es el hecho de que el modo en el que se ejerce el voto en ese caso hace que uno -inevitablemente- apoye leyes con las que no está de acuerdo. ¿Cómo es esto? Muy simple:Foto tomada de www.resistir.info

Cuando uno se enfrenta a los procesos electorales, analiza de una manera más o menos profunda los partidos que acuden a la contienda. De sus programas electorales, el votante se fija en qué le gusta y qué no. Es muy raro que uno encuentre un partido con el que esté totalmente de acuerdo: se vota por la opción con cuyas propuestas se coincide mayoritariamente, independientemente de que en el "paquete" se incluyan propuestas a las que nos oponemos. Por ejemplo:

Supongamos que el partido A apoya diez propuestas con las que coincidimos y cinco con las que no, mientras que el partido B apoya cinco ideas que son de nuestro agrado y diez con las que no comulgamos. En este ejemplo nos inclinaríamos por la opción A, apoyando así esas políticas (diez) que nos movieron a votar por ellos, pero a la vez dando a ese partido nuestro permiso para que desarrolle programas (cinco en el ejemplo) con los que no estamos de acuerdo. ¡He ahí la trampa de la representatividad parlamentaria!

En estos sistemas, con mi voto, estoy dando mi permiso a los gobernantes para que, en mi nombre, y durante seis, cinco o los años que sean según el país, lleven adelante políticas con las que no estoy de acuerdo. Aunque sean una minoría de las medidas que lleven adelante, eso no importa: no estoy de acuerdo con ellas, y las hacen en mi nombre y con mi voto de coartada. Esto es así siempre, en todas las democracias representativas. La otra opción que le queda al ciudadano es no votar. De este modo uno queda enfrentado a una encrucijada -nada democrática- impuesta por la maniquea idea de que "no se ha inventado nada mejor": si votas, apruebas cosas con las que no estás de acuerdo; si no votas, no tienes otro modo de ejercer tu derecho a participar.

Pero el caso de Venezuela es distinto: la Constitución de 1999, aprobada en referendum consultivo, afirma que vivimos en una democracia "protagónica y participativa". Con esas premisas no sólo tenemos la posibilidad de que nuestra participación sea más presente, real: tenemos el derecho, casi la obligación, de exigir que así sea. En las elecciones generales del pasado diciembre, en la aprobación de la primera constitución, se cumple lo mismo que en los anteriores casos: al apoyar una opción u otra, fuera la que fuera, la mayoría estaba implícitamente dando luz verde a una parte de propuestas con las que no se estaba de acuerdo. Eran otros tiempos... ¿lo eran?Foto tomada de www.aporrea.org

Ahora estamos en un escenario muy distinto: la construcción de un partido unitario -teóricamente desde las bases- como lo es el PSUV, la paulatina transferencia de poder al pueblo organizado (Quinto motor, el Poder comunal) y una reforma constitucional. Una reforma, no una constituyente, lo que implica el cambio de un número -número limitado y determinado- de artículos.

Todavía no se ha hablado -por lo que yo sé- de fechas ni de cómo será el referendo consultivo. Pero intuyo que ese proceso será como el referendum revocatorio/reafirmatorio del que se cumplen ahorita tres años: una pantalla con un botón que diga SÍ y otro NO, sólo que en este caso los actores políticos intercambiarán sus opciones: oficialistas lucharán por el SÍ, oposición por el NO. Con todos mis respetos, creo que en este caso, por el carácter de lo que se va a debatir -una reforma, no una constitución totalmente nueva, ni un revocatorio- eso no sería ni protagónico, ni participativo, ni democrático en el sentido que uno espera de este proceso.

La propuesta de reforma incluye 33 artículos, que serán debatidos en las calles y en la Asamblea Nacional. Lo normal y democrático es que la gente pueda estar de acuerdo con una mayoría o una minoría de esos artículos, no siempre a favor o en contra de todos ellos de manera absoluta, y creo que ésta es una oportunidad única para hacer un referendo abierto, realmente participativo.

¿Qué tal que los votantes puedan, llegado la hora del referendo, aprobar o rechazar esos nuevos artículos de manera separada? Poder aprobar unos y al mismo tiempo rechazar otros. "Estoy de acuerdo con la reelección, pero lo de los vicepresidentes estadales me parece más burocracia", "apoyo el nuevo carácter que adquirirán las misiones sociales, pero no estoy de acuerdo con la nueva configuración territorial" o "la acepción del término 'propiedad social' cambiará al país para mejor, pero no apoyo la reelección continua" pueden ser, de hecho están siendo y serán, opiniones que podemos leer en Internet y escuchamos en las calles. Sólo han pasado 24 horas y el debate ya está que arde. ¡Bienvenido sea! Ese debate sano y abierto, que no se ve en casi ningún país del mundo menos en éste, debería verse reflejado en el proceso de votación.

Algunos alegarán que ese proceso abierto sería más complicado, más lento, más costoso, y probablemente tengan razón, pero las ventajas ganan a los inconvenientes... y por goleada: más debate, más participación, más protagonismo, explicación mucho más detallada de todos y cada uno de los artículos (puesto que todos y cada uno de ellos, individualmente, estarían en peligro de no ser aprobados), y la posibilidad de eliminar ese vicio heredado de la representatividad de que si me gustan 30 artículos y me disgustan tres, yo no tenga los mecanismos de expresarlo así con mi voto, y tenga que decir o bien "me gustan todos" o bien "no me gusta ninguno", que es al fin y al cabo lo que representa la opción SÍ/NO.Foto tomada de www.voltaire.net

Las complicaciones en el proceso de votación pueden reducirse agrupando los 33 artículos temáticamente, de modo que se votara por, digamos, cinco puntos (por ejemplo, reelección presidencial, organización territorial, nuevos conceptos de propiedad, nuevo carácter de las misiones y nombre de las fuerzas armadas). El mayor costo sería una excusa chimba: con el proceso electoral electrónico el costo es prácticamente idéntico. ¿Será más lento el momento de votar? Sin duda, pero el camino mejor es muchas veces el más difícil. Paradójicamente, tendríamos un proceso de votación más lento, pero a la vez la democracia caminaría más rápido.

Va a resultar muy difícil convencerme de que votar 'en bloque' (SÍ/NO) la aprobación o no de la propuesta completa de reforma constitucional es lo que podemos esperar y debemos exigir a una democracia como la que se construye en Venezuela.

Piénsenlo: una votación así sería más participativa, más protagónica... más democrática. Entonces... ¿por qué no?

Ésta es mi propuesta.

martes, mayo 08, 2007

Si Hugo Chávez fuera como Javier Solana...

Esta semana me vino nuevamente a la cabeza un 'incidente' (como dirían los altos responsables de la Unión Europea) o mejor dicho una masacre, como diría el resto del mundo. Perdonen que insista con RCTV una y otra vez, pero la verdad es que el tema me fascina demasiado. En estos días de concesiones no renovadas, de 'corazones que gritan', de peticiones de libertad de expresión, etc., no está de más recordar lo que ocurrió durante los bombardeos de la OTAN sobre la ex-Yugoslavia, en 1999.

El 23 de abril de ese extinto año en ese extinto país (cuando en el otro lado del mundo Hugo Chávez apenas llevaba un par de meses en el poder), la OTAN decidió que bombardear puentes, fábricas, trenes y demás estructuras civiles (que eran supuestamente utilizadas militarmente por Slobodan Milosevic, por entonces presidente de la Yugoslavia serbomontenegrina, hoy también desaparecida) no era suficiente para llevar adelante sus planes de pacificación, por lo que decidieron ir un paso más allá en su imposición de derechos humanos a golpe de bombas de racimo y civiles asesinados: bombardear la sede de la televisión estatal serbia.

Por aquel entonces era secretario general de la OTAN Javier Solana, el actual Mr. PESC, una especie de ministro de exteriores de la Unión Europea, cargo con el que fue recompensado por su muy humanitaria labor. Javier Solana (que en su trayectoria política pasó de oponerse vehementemente a la entrada de España -su país- a la OTAN, a presidirla años después) no sólo no criticó el bombardeo contra un objetivo civil con civiles en su interior, si no que lo justificó diciendo que esa TV era un instrumento de propaganda a favor de Milosevic.

Sin entrar en consideraciones -que necesitarían de un amplio análisis- sobre lo acertado o no de esa afirmación, ni sobre los motivos, patrocinadores, verdugos, ejecutores y responsables de la desintegración de lo que fue la República Federal Socialista de Yugoslavia, que los hubo dentro y fuera del país, fíjense en cómo solucionaron los civilizados, educados y ejemplares neoliberales europeos la cuestión de un medio incómodo y según ellos peligroso: lanzándole una salva de misiles. Amnistía Internacional -a la que en ningún caso puede acusarse de haber sido pro Milosevic- calificó el bombardeo de crimen de guerra. Pero las denuncias de Amnistía Internacional sólo sirven para que los neoliberales castiguen, nunca para que sean castigados.

Dieciséis civiles -trabajadores tan peligrosos como cámaras y maquilladores entre otros- perdieron la vida en esa masacre. ¡Y qué feo es comparar a veces! El gobierno venezolano simplemente decide -basado en las leyes del país- no renovar una concesión y se intenta presentarlo como una dictadura brutal, un acto de barbarie. El gobierno venezolano no sólo no está cerrando un medio, es que ni siquiera lo está bombardeando, como haría Javier Solana. Sí, Javier Solana, representante de la Unión Europea a la que Marcel Granier fue a pedir ayuda (¿se lo imaginan? Es, en lo que a televisiones se refiere, como escapar de Caperucita porque nos lanza manzanas de su cesta, para ir a pedirle protección al lobo).

Soy consciente de que lo de Yugoslavia era una guerra (o mejor dicho un bombardeo) y las situaciones en ese caso son extremas, y por eso intento no abusar de la comparación. Sin embargo, los Golpes de Estado son situaciones extremas también, y... ¿cuántas televisiones cerró el gobierno bolivariano entonces? ¿Cuántas televisiones bombardeó entonces?

¿Se imaginan qué pasaría si el gobierno venezolano hubiera bombardeado RCTV, o cadenas extranjeras que apoyaron el golpe contra Hugo Chávez? Y, sin embargo, Javier Solana es -oooooooh admiración- el ministro de asuntos exteriores de la Unión Europea, mientras que Hugo Chávez es -uuuuuuuuuuh qué miedo- el 'gorila rojo', el 'factor desestabilizador', 'el 'tirano', el 'dictador'.

Y después se preguntan que por qué algunos estamos ya más que hartos de los medios de comunicación de masas.

martes, mayo 01, 2007

La no renovación favorece a la oposición

Tuve oportunidad, hace unas semanas, de disfrutar leyendo un "encuentro" online entre Marcel Granier y los desafortunados lectores de El Mundo, en el que el fracasado businessman defendía la "causa RCTV". Dicho encuentro fue parte de su "Lobo con Piel de Cordero European Tour", en el que se presentó como víctima de un rrrrégimen brutal y dictatorial ante quienes quisieron escucharle en el Viejo Continente. Afortunadamente no fueron muchos.

Sí, RCTV es una víctima. Una víctima del manejo irresponsable de sus dueños, directivos y accionistas, y de todo aquel que tome decisiones importantes allí, Marcel Granier a la cabeza. Lo curioso es que ellos intentan echarse sobre sus espaldas a tooooda la oposición venezolana, como si fueran sus portavoces. RCTV no es portavoz de la oposición: es portavoz de la disociación (con permiso de Globovisión).

Por eso, en mi opinión, la no renovación es beneficiosa para la oposición, puesto que será un elemento menos en la inyección catódica de disociación, y buena parte de la oposición -que como siempre digo tiene argumentos y motivos para criticar- respirará tranquila cuando el veneno cuidadosamente administrado por RCTV sea sólo un mal recuerdo... Entonces podremos -quienes apoyamos este proceso y quienes no- discutir sobre temas más adultos que los tratados por los viperinos comunicadores (sic) de ese canal en fase terminal.

Marcel y sus encuestas mágicas -herederas de las desencuestas que otorgaban una victoria a Rosales- dicen que el 70% de los venezolanos se oponen a la decisión presidencial. Yo dudo de esa encuesta, aunque admito que el porcentaje es correcto; lo que no me creo es que ese porcentaje sea sobre "los venezolanos". Probablemente sí, un 70% se oponga a la no renovación: pero no un 70% de los venezolanos, sino un 70% de la familia de Granier.

Tanto en RCTV como en Globovisión gustan de sustentar sus datos con afirmaciones del tipo "tengo un amigo chavista que me ha dicho que nos apoya en esto", para dar supuesto valor a sus dizque "estudios de opinión". Es lo que están haciendo ahora con el asunto de la no renovación, todos tiene su pana chavista que los apoya en silencio. Lo mismo decían en las elecciones, cada opositor que se preciara (recuerdo con especial cariño al amigo chavista imaginario de Carla Angola) tenía su amigo bolivariano que le decía en secreto que iba a votar por Rosales, lo que contradecía según ellos las encuestas que favorecían a Chávez.

Lo curioso en este caso es que ocurre exactamente el efecto inverso al que ellos se aferran. Hay algo que prefieren no ver ni Granier ni su coro de plañideras: buena parte de la oposición reniega de ese canal, no mueven ni un dedo para defenderlo, se avegüenzan de que ese poco de disociados se autoproclame portavoz opositor, y sus argumentos para defender a RCTV se suelen apoyar no en la supuesta calidad de ese canal, sino en críticas o comparaciones con VTV. Una ínfima minoría dentro de la propia oposición defiende con pasión ese canal, pocos dicen que la Entrevista sea un programa brillante, o que la gestión Granierita sea encomiable. Los pocos que lo hacen suelen sustentarse en comentarios tan elaborados y sutiles como los que se pueden leer junto a este magnífico video de disofinados, donde se observa la alta alcurnia (o calaña) de los más acérrimos defensores de este próximo ex-canal.

Muchos opositores se han dado cuenta de que "su" canal no es "su" canal; al contrario, es un canal extremadamente nocivo para sus propios intereses. Cuanto más esfuerzo ha hecho RCTV para hundir la Revolución, más la ha afianzado. Los que no quieren que este proceso continúe se van dando cuenta -por fin- de que seguir las estrategias disociadas de RCTV para salir de Chávez es tan absurdo como querer hundir un barco con una piedra, nadando hasta él con la piedra atada al cuello.